Innovación educativa: más allá de las aulas tradicionales

Hoy en día, podemos escuchar con frecuencia el término «innovación educativa». Existen muchas ofertas de metodologías disruptivas, basadas en modelos de aprendizaje innovadores centrados en situaciones contextualizadas; así como espacios e infraestructuras con el respaldo de las nuevas tecnologías que permiten involucrar incluso la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza.

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Todos estos aspectos son valiosos aportando valor para las nuevas generaciones. Sin embargo, la «innovación educativa» continúa centrada en la cognición, generando que las medidas de evaluación permanezcan bajo estándares de calidad, constituyendo una aproximación competitiva y un modelo de educación cuyo principio sigue siendo el mismo: la estandarización de procesos.

Para ejemplificar esta idea, podemos utilizar una analogía donde vemos a la escuela como un proceso de montaje en serie: los grupos se determinan por el año de nacimiento, todos deben aprender lo mismo de la misma manera al mismo tiempo y se deben cumplir ciertos parámetros de calidad para avanzar a la siguiente etapa del proceso. Aquellos que no cumplan con las expectativas deben repetir todo el ciclo.

Esta cruda descripción refleja una realidad que omite la diversidad y la complejidad del ser humano. La escuela olvida que cada estudiante es una persona novedosa, única y con múltiples posibilidades para explorar y potencializar sus características.

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Es importante considerar que, como lo dice el antropólogo Hector Ruiz Martín, “cada persona es un proyecto distinto, es una novedad absoluta y que, por lo tanto, no existe una forma de educar ni de dirigir que sirva de la misma manera para todos”.

En San Diego consideramos que una innovación educativa real, importante y necesaria debe respetar los ritmos de aprendizaje y atender no solo a las habilidades cognitivas, sino también a las habilidades emocionales y sociales.

Necesidad de una innovación educativa real

La escuela es el escenario fundamental para la formación de las personas en las primeras etapas de vida, donde pasan los años más importantes para el desarrollo de la personalidad, creatividad, valores, emociones y la forma como va a percibir el mundo, adquiriendo las bases para afrontar desafíos en el futuro.

En este escenario, el aprendizaje permite que se consoliden las bases formativas de personas que dirigirán y trabajarán con otras personas para aportar al bienestar de la humanidad.

Aquí es donde nace la importancia de una verdadera innovación del aprendizaje, centrada en la educación emocional, el bienestar y el cuidado del otro como las bases del desarrollo humano, favoreciendo la formación de personas coherentes que contribuyan a su sociedad y desarrollen no solo los hábitos intelectuales, sino también las virtudes necesarias para vivir y convivir.

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En San Diego comprendemos y fomentamos que la innovación educativa debe ir más allá de las aulas tradicionales y centrarse en:

  • Respetar los ritmos de aprendizaje: cada estudiante aprende a su propio ritmo. La escuela debe adaptarse a estas diferencias y no al revés.
  • Atender a las habilidades emocionales y sociales: la educación no solo debe desarrollar las habilidades cognitivas, sino también las emocionales y sociales, esenciales para la vida en sociedad.
  • Promover la educación emocional y el cuidado del otro: estos son los pilares del desarrollo humano y la formación de personas coherentes que contribuyan a su sociedad.
  • Cambiar el modelo de evaluación: comprender que no se trata de medir un resultado, sino de acompañar un proceso y entenderlo como un instrumento que brinda información para ser analizada, permitiendo que se siga construyendo.

Finalmente, la innovación educativa requiere involucrar una flexibilidad curricular que permita a los estudiantes la toma de decisiones, asumiendo sus responsabilidades desde una perspectiva diferente.

En San Diego los alumnos la experimentan a través de los Ambientes de Aprendizaje, espacios donde se fusiona la pasión del profesor con el interés de los estudiantes.Además, se fomenta activamente el trabajo en equipo, brindando a los estudiantes la oportunidad de colaborar con compañeros de diferentes edades y niveles de habilidad. Esta diversidad enriquece el proceso de aprendizaje al promover la aceptación de ideas y el diálogo con compañeros más grandes o más pequeños reflejando el entorno real en el que los estudiantes se encontrarán en su vida futura. Es una manera de fortalecer las habilidades de colaboración, escucha, creatividad y aceptación para lograr una meta colectiva.

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