El paso del colegio a la universidad: Cómo acompañar a tus hijos en la transición

El paso del colegio a la universidad es una etapa crucial en la vida de los jóvenes, llena de emociones encontradas y desafíos tanto académicos como personales. Para muchos estudiantes, esta transición no solo representa un cambio en su entorno educativo, sino también una redefinición de su independencia y madurez. Como padres, entender cómo acompañar a nuestros hijos en este proceso es fundamental para que puedan adaptarse con éxito a este nuevo capítulo de su vida.

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En este artículo, hablaremos sobre los principales retos y necesidades de los estudiantes durante esta etapa y ofreceremos algunas estrategias clave para brindarles el apoyo adecuado, fomentando su autonomía mientras garantizamos que se sientan respaldados en todo momento.

Del colegio a la universidad, una etapa de transformaciones

El inicio de la etapa universitaria de los hijos trae consigo transformaciones fundamentales para su vida que implican cambios y compromiso.

En primera medida, la autonomía aparece como el primer reto fundamental. Movilizarse solos por la ciudad, hacer una adecuada utilización del dinero y del tiempo libre, constituyen el primer gran paso para comenzar a “salir” de la burbuja protectora de los padres. En la universidad, los adultos ya no serán informados, como en el colegio, en caso de ausencias, retardos o bajos desempeños.

Es fundamental que, desde años anteriores, las familias empiecen a “soltar” y a dar herramientas para resolver situaciones cotidianas simples, como desplazamientos por la ciudad, utilización del transporte público, manejo de las “finanzas” a través del uso adecuado de su mesada o incluso del establecimiento de una lógica de ahorro y manejo del propio tiempo para lograr puntualidad con sus compromisos.

Las nuevas socializaciones son también un punto fundamental a tener en cuenta. Los hijos emprenden un nuevo camino social, esta vez con compañeros que son desconocidos para los padres. Esto puede generar angustia en los adultos al sentir la cercanía de nuevas influencias sobre las que no tienen control.

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Como es sabido el intercambio recreativo, de fiesta y de consumo, se incrementa significativamente al ingreso a la universidad. En este sentido, es muy importante tener vivos los códigos de comunicación permanentes con los hijos sobre su afectividad y así mismo establecer códigos de confianza y apertura en el diálogo que permitan acompañar el proceso.


Los jóvenes necesitan experimentar y conocerse, aún más en espacios sociales con pares, pues es la única manera de aprender a partir de la experiencia a establecer límites y conductas de autocuidado. Se hace necesario soltar, claro está, sin dejar de supervisar y acompañar el proceso.

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Retos académicos y emocionales

Sumado a lo anterior llega el reto del desempeño académico, que pondrá a prueba los hábitos de estudio construidos con anterioridad en la vida escolar. Es importante tener claro que las dinámicas académicas universitarias toman un matiz diferente a las del colegio. Estas implican más autonomía y organización personal. Es por esto que es fundamental que los hijos tengan horarios de trabajo, que planifiquen y que no dejen acumular las tareas pendientes.

Es clave que no se dejen abrumar por la nueva vida social y sus atractivos, de manera que descuiden el compromiso académico. Así mismo es importante dialogar en casa sobre las dificultades o retos cotidianos de orden académico que vayan enfrentando, para que en caso de tener dificultad, se le brinden los apoyos extra necesarios o se les invite a buscar apoyo en las instancias universitarias.

Un factor que es necesario no descuidar es el del compromiso ético con sus estudios. Muchos estudiantes abordan la universidad desde el punto de vista académico de forma poco responsable. Por un lado, utilizan la inteligencia artificial, la copia de ideas no propias y hacen fraude permanente en la construcción de sus trabajos. Así mismo, pueden caer en el uso excesivo de dispositivos y las redes sociales lo cual puede nublar su concentración;es necesario, desde casa, seguir insistiendo en la necesidad de revisar compromisos más adultos y serios llevándolos a comprender que está en juego la formación de calidad de su profesión, más allá del alcance de una meta académica cuantitativa.

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Es fundamental estar atentos a las dinámicas emocionales de los hijos en este camino. A muchos, este paso les genera temor y estrés lo cual puede aumentar los niveles de ansiedad, pueden tener expectativas o temores de haberse equivocado con la decisión y sobre todo sienten los ojos de los padres y de la sociedad en general sobre su desempeño y capacidad de “dar la talla” de forma exitosa. Por esto se hace necesario estar atentos a sus dinámicas alimentarias, sus hábitos de sueño y en general a toda su estructura anímica, para así darles soporte de ser necesario.

De esta manera el tránsito a la universidad invita a estar en un punto medio en el que comprendamos como padres que nuestros hijos ya no son unos niños y que este movimiento implica un salto muy importante a su maduración, así como, por otro lado, aún no son adultos y requieren de nuestro acompañamiento y supervisión. Los diálogos afectivos permanentes y la observación de su cotidianidad, son herramientas aliadas para hacer de este un cambio armónico.

Acompañar a nuestros hijos en el paso del colegio a la universidad es un proceso de adaptación tanto para ellos como para nosotros como padres. Fomentar una comunicación abierta, ser flexibles con las expectativas y estar presentes en sus logros y desafíos puede hacer una gran diferencia en su experiencia universitaria. Al final, lo esencial es recordar que esta transición también es una oportunidad para que nuestros hijos sigan su camino para convertirse en adultos responsables y seguros de sí mismos.

Escrito por: Angela Mejía, Rectora.

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